La carta de Dafne

jueves, 16 de febrero de 2012

Me acabo de dar cuenta de que pienso mucho en la muerte. No me la quito de la cabeza desde hace meses, tal vez años. Pero no me malinterpretes, sencillamente me obsesiona. Hay personas que solo piensan en su peinado, su próximo par de zapatos o qué se yo. Visto así no soy tan rara ¿no? Después de todo solo son pensamientos e ilusiones mías. 

Sólo es nostalgia. Estoy escribiendo esta carta por pura nostalgia. En un pequeño vecindario junto a una colina fue donde me crié por primera vez; porque yo me crié dos veces. La primera fue la más corta. Aun quedaba algo de ternura en el mundo para mí. Recuerdo la primera vez que me dieron vino; llovía y hacía mucho frío y aquel trago recorrió mi garganta abrasando mi interior. Con la segunda copa ya me di cuenta de que la tierra se movía muy deprisa. Comienzo a darme cuenta de que estoy olvidando casi por completo esa época. Aquí follé también por primera vez, fue antes de lo del vino en realidad. Yo me mostré como debía: dispuesta. Se la sacó y me pidió que empezara con la boca. No me apetecía ni tampoco sabía muy bien cómo hacerlo pero accedí. Me agarró del pelo y me empujaba la cabeza, lo que debo reconocer que me gustó hasta que empezó a doler. De repente me subió la cabeza, se agachó los pantalones y me quitó las bragas torpe y brutalmente. Ya no íbamos despacio. Me metió dos o tres dedos, se me tiró encima y empezó a follarme. Contuve la respiración. Me empezó a lamer y a intentar besarme, algo que traté de evitar tanto como pude. Duró poco, el asiento empezó a sorber un pequeño charco de sangre que salía de mí. Cuando vio aquello se enfadó mucho, me golpeó y me lanzó fuera del coche. No pensé en ello, en ese momento solo necesitaba descansar y estuve allí tendida largo rato. Después de aquello no volvió a doler tanto, sencillamente no sentía nada.

Mi niñez pasó con bastante normalidad. Solía subir con mis amigos a esta colina. Lo cierto es que este suburbio siempre fue muy tranquilo. Cuando dejamos de ser niños empezamos a pensar en buscarnos la vida. Si tienes que trabajar 10 u 12 horas al día tus planes de irte a Nueva york o incluso París se convierten en sueños, de esos sueños que duelen. La culpa es de la melancolía.

La segunda vez que me crié es la época de mi vida anterior a esta (que va a ser la más corta). No trabajé mucho tiempo junto a la colina. Tus vecinos de toda la vida y conocidos te respetan menos que cualquier desconocido en alguna otra esquina del mundo. Me ayudaron muchas compañeras y otras no tanto. El problema de volverte más cosmopolita es que hay mucho chulo suelto. Aunque no sé si prefiero a un chulo o a uno de esos que van de respetuosos. Los que no recomiendo desde luego son esos que dejan correr su creatividad. Creo que solo he estado enamorada una vez, y fue de uno de estos artistuchos. Venía una vez a la semana, siempre con su jerga romántica que a mí me gustaba tanto. Le gustaba meterme objetos; botellas y cosas así. Al poco tiempo dejó de venir, y no es que eso me pusiera triste o alegre, solo me quedé más tranquila y ya está. El amor es un polen muy extraño. Evítalo cuánto puedas niña.

Perdona el desorden y las lagunas en esto que te escribo. No todas las historias pasaron para ser contadas. Si quien te cuide decide darte esta carta alguna vez debes saber solo dos cosas: solo ahora he tenido miedo en mi vida, y por eso hago esto. Tengas la vida que tengas intenta no temer a nada, pero si alguna vez te asustas, tranquila, eso te recordará que estás viva y debes permanecer alerta. Por último, no tengo derecho a pedirte que me perdones y no quiero ponerte nunca en esa situación, ya he sido bastante egoísta contigo.

1 comentarios:

Fuentes Rivero dijo...

A ver cuándo te decides a colgar alguno más, que, al menos a mí, me encanta leer tus textos ;).

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