Cuando Lucio se dio cuenta de la
hora la noche había poseído ya la ciudad. Llegaba tarde, como siempre. Apenas
dobló la esquina antes de llegar a la iglesia cuando vio una luz que iluminaba
el callejón, podía oírse el taconeo producido al caminar por el suelo ahora
empedrado. El “Razil” era el local más concurrido de la ciudad, allí se reunían
numerosas personalidades del mundo cultural y científico. No había ninguna
razón especial para ello, sencillamente ciertos lugares se ponen de moda y
otros no. Era bastante amplio, a pocos pasos de la entrada se situaba la barra
desde la que podía observarse todo el lugar. Frente a ella algunas mesas
llenaban la estancia y una pequeña escalera ascendía poco más de cinco peldaños
para dar lugar a otras tantas.
Lucio había llegado por fin. Al
entrar algunos clientes lo saludaron casi con rutina. Todos los que frecuentaban
aquello eran hombres o al menos eso trataban de aparentar. No se oía ninguna
canción, el silencio apenas era profanado por el leve murmullo de sus
habitantes. El aire era el mismo que en el exterior, ni más frío ni más cálido,
el mismo. Entre reverencia y reverencia vio a Arthur esperándolo en la mesa
habitual. Arthur era rico y, como los ricos, gastaba su fortuna en toda clase
de banalidades que estuvieran de moda. Los franceses están siempre a la última,
cualquier prenda, artista o bebida que sonara a parisino era perfecto para ser
más que chic. Solían reunirse allí
los dos solos.
—Disculpe el retraso compañero. —dijo Lucio asintiendo con la cabeza.
—No se preocupe, llegaba yo
escasos minutos antes que usted, tome asiento. Intuyo que la remesa de esta
ocasión será más abundante.
—Temo que sus expectativas le
hayan llevado a una conclusión errónea. Como puede observar vengo de manos
vacías; temo que mis últimos pedidos hayan sido, como poco, extraviados. Pero
mis contactos se renuevan —se inclinó hacia su acompañante, cuya decepción era
evidente en su rostro, y le dijo en voz baja— un conocido mío se formó
recientemente en el siniestro arte de la sastrería. En breve dispondrá usted
del mejor y más novedoso catálogo textil.
—¿De firma?
—¡De las mejores firmas!
En ese momento apareció por la
puerta una figura encorvada y silenciosa caminando con dificultad hacia la
barra. El característico murmullo de las conversaciones cesó por un instante
para transformarse entonces en un susurro. Pero aquel visitante, que se había
convertido ahora en el centro de furtivas miradas, no permaneció en el Razil
mucho tiempo; intercambió unas palabras con el encargado y se marchó. Se
organizó entonces un gran revuelo, algunos trataban de obviar lo sucedido
mientras que otros se debatían entre la sorpresa y el susto. Arthur estaba
extrañado, aunque el aspecto de aquel personaje llamó su atención no comprendía
el origen de tanta expectación.
—Algunos sujetos parecen fabricados
para ser el centro de atención. —dijo meneando la cabeza.
—Sin duda puede verse de todo en
este mundo; a nada que apartemos la mirada de nuestras narices, claro ¿Acaso no
sabe usted nada acerca de nuestro característico visitante?
—Sé que es motivo de muchas
habladurías como he podido comprobar ahora.
—Apenas ha visto la punta del
iceberg amigo —dijo Lucio sonriendo hasta que de repente pareció ocurrírsele
una idea— ¿Qué le parece si en compensación por nuestro fallido intercambio de
hoy le relato una historia? No tengo duda de que jamás habrá oído nada igual,
sin embargo no me responsabilizo si llegados a cierto punto de la narración se
halle usted… horrorizado. No obstante le recomiendo no interrumpirla hasta su
desenlace, de esta manera podrá juzgar por sí mismo ¿Acepta mi oferta? Arthur permaneció en silencio
unos instantes. Al principio mostró cierta indiferencia mientras Lucio lo
miraba fijamente conservando una sonrisa que no inspiraba confianza alguna.
Finalmente la curiosidad se apoderó de él.
El padre tenía todo aquello que
alguien pudiera desear. En realidad llamarle padre no es lo más adecuado aún
—puede que después tampoco— pero me permitiré tomar esa pequeña licencia. No
podía quejarse de nada y nunca lo hacía, vivía solo pero no apartado. Pasaba
gran parte del tiempo inmerso en sus proyectos y estudios, era un gran
entusiasta de la mecánica y la química pero también del arte. Su casa bien
podría haber sido convertida en un pequeño museo de variedades; la decoraban
varias pequeñas esculturas de piedra talladas por él mismo, estanterías
repletas de libros que envolvían prácticamente la totalidad de las paredes y un
variado compendio de instrumental de laboratorio. Como decía, a pesar de su
disciplinado carácter laborioso el padre era alguien respetado y hasta admirado
en varios círculos intelectuales de la ciudad. Podías hablar con él de los más
variados temas y no solo le interesaban las clásicas corrientes de pensamiento
sino que estaba muy al tanto de las novedades editoriales y los últimos avances
científicos. Pocos le conocían en la intimidad, aunque admirado, la figura de
este ser y sus extrañas aficiones eran motivo de múltiples misterios y rumores.
Tenía no obstante lo que podríamos llamar un amigo íntimo, Oscar, con quien
solía reunirse a menudo y cuyo apoyo e influencia fueron determinantes en
muchos de sus trabajos más polémicos. Oscar era ingeniero, con lo que había
conseguido una gran suma de dinero, lo cual explica que estuviera tan bien
relacionado. No se sabe muy bien cómo llegó a hacerse amigo del padre,
seguramente por su curiosidad intelectual, existen muchas lagunas sobre este
aspecto.
Pero lo inusual empezó un día
cualquiera. Ambos se encontraban aquí, el Razil, Oscar relataba con entusiasmo
sus últimos avances financieros y especulaba sobre las nuevas posibilidades de
expansión de su área de investigación.
—La cosa no podría ir mejor y
como bien sabes me interesan mucho tus trabajos... —pero su acompañante
permanecía callado e inmutable cual busto— ¿Me oyes? No pareces muy concentrado
hoy.
—Te escucho perfectamente Oscar.
—Entonces habrás intuido el
principal motivo por el que insistí tanto en que nos reuniéramos hoy.
—A pesar de mis numerosas
negativas.
Cruzaron sus miradas un momento y
después el padre se inclinó con desgana hacia el otro lado observando a los
clientes que entraban y salían.
—Un asunto de este calibre no
podía esperar compañero, me gustaría que te unieras a mi equipo. Contarías con
todo tipo de material y ayuda, estoy seguro de que tus conocimientos y tu
preparación serían el último empujón necesario para catapultar nuestras
investigaciones Sebastián.
Las sospechas de Arthur se vieron
confirmadas al oír tal nombre, un escalofrío siniestro recorrió su
espalda. —Efectivamente, el hombre
convertido en sombra que nos visitó antes no era otro que Oscar— aclaró Lucio y
seguidamente continuó el relato:
Pero Sebastian seguía sin mostrar
ningún tipo de entusiasmo por la propuesta de su amigo. Observaba con
curiosidad y repulsión a los demás mientras se hundía cada vez más en sus
pensamientos. De repente alguien extraño entró por la puerta; unas curvas más
pronunciadas y una melena negra y larga daban la primera impresión de que se
trataba de una figura femenina. A Oscar le pareció una banalidad pero Sebastián
se mostró maravillado y lleno de admiración. Entonces se levantó, miró a su
amigo y dijo —acepto tu propuesta— y marchó a toda prisa. Al principio Oscar estaba
desorientado por la velocidad y la inverosimilitud con la que los
acontecimientos se desarrollaban pero pasados unos minutos estaba satisfecho y
entusiasmado. Miró a su alrededor, el Razil estaba ya casi vacío, la figura
femenina se había marchado.
Pasaron varias semanas desde su
último encuentro, el trabajo había comenzado pero Sebastian no dio señal alguna
de existencia. Extrañado, Oscar decidió visitarlo para asegurar su bienestar. Desde
fuera de la casa no se oía nada y como era de día tampoco podía ver si alguna luz estaba encendida,
llamó varias veces a la puerta sin éxito. Se sucedieron varias visitas
similares, todas por la mañana o a media tarde hasta que un día decidió ir por
la noche. El mejor momento sería poco antes de la media noche, hora en que suelen
recogerse los seres decentes como él. El éxito no fue inmediato, minutos
después de su llegada la puerta se abrió levemente dejando ver a Sebastian que
presentaba un aspecto tétrico. Su expresión antes solemne y llena de confianza
se había tornado sombría e inquietante, su ropa estaba sucia y muy deteriorada
y hablaba con extremo nerviosismo. Pese a su insistencia no permitió entrar a
su amigo con la excusa de tener mucho trabajo. Oscar le recordó el mutuo
acuerdo al que habían llegado e insistió en que debían volver a verse más a
menudo. Se despidieron, Oscar volvió a casa sobresaltado con la promesa de
tener noticias suyas lo antes posible. No tardó en cumplir su palabra; una
mañana el asombro de Oscar alcanzó un nuevo nivel cuando uno de sus empleados
le informó de que Sebastian había pasado por allí para recoger materiales y dar
instrucciones personalmente. Dichas directrices establecían que todo el trabajo
a realizar por su parte sería llevado a cabo en su casa y que para agilizar el
proceso debían serle enviados todos los utensilios necesarios allí cuando
fueran necesarios en lugar de tener que volver a desplazarse hasta las
instalaciones. Al parecer cuando uno de los trabajadores quiso informarle
acerca de las investigaciones pendientes en las que eran requeridas sus dotes
Sebastian, con terrible enfado y ansiedad gritó: “Ningún experimento de segundo
nivel me hará perder el tiempo, cuando acabe mi proyecto la visión que tiene el
mundo de si mismo cambiará para siempre.” Y se marchó a toda prisa.
Esta vez las semanas se
convirtieron en meses y los días meramente llegaban a formar un grano de arena
en la inmensa playa de nuestras vidas. Por los círculos habituales corrían todo
tipo de rumores sobre Sebastian, la mayoría lo daban por muerto. Un empleado
del laboratorio informó a Oscar de que la petición para un nuevo envío de
materiales a casa de Sebastian se estaba retrasando más del doble de lo normal.
Cabreado y sin miramientos el empresario se decidió a esclarecer todo el asunto
de una vez por todas. El paisaje que rodeaba la casa de Sebastian era bien
distinto ahora, todas las ventanas estaban oscurecidas y de seguro que la
fachada no se limpiaba desde hacía mucho tiempo. Golpeó la puerta por pura cortesía pero no recibió
ninguna respuesta, como de costumbre estaba abierta de modo que entró. Por
dentro el panorama no mejoraba con respecto al exterior. Los tabiques plagados
de libros se habían convertido en soporte para miles de notas y esbozos. Oscar
registró la primera sala y llamó a su amigo varias veces en voz alta mientras
se adentraba a través de los pasillos lentamente. Cuando se desvió a la
izquierda pudo ver la cocina transformada en laboratorio y en ella junto a una
puerta a Sebastian sentado sobre un pequeño taburete con todo el cuerpo
desmoronado hacia delante, lo que le colocaba la cabeza sobre su rodilla
izquierda. Corrió a revisar su estado temiendo una desconexión o algo peor.
—Sebastian, eh, vamos amigo…
—aunque muy débil, reaccionó y miró a Oscar— te llevaré hasta un asiento más
cómodo, vamos.
Una pequeña lámpara iluminaba a
duras penas la estancia, Sebastian miraba al infinito.
—¿Crees que es posible dotar de
alma a un ser vivo?
Se oyó el breve rozar de dos
vidrios desde la cocina, Oscar se apresuraba a comprobarlo cuando vio algo más
inesperado aún; de repente estaba clavado allí cruzando la mirada con un niño.
En su mano sostenía un vaso. “Tengo que reconocer que esto no lo esperaba
Sebastian” sonrió Oscar al tiempo que se acercaba lentamente al pequeño ser,
pero este, asustado, perdió el vaso. Mientras retrocedía intimidado por la
creciente risa del visitante se clavó un trozo de cristal en el pie lo que le hizo
precipitarse definitivamente hacia la puerta cerrándola tras de sí. “Es un poco
torpe” decía Oscar justo cuando sus botas pisaron los restos de vidrio que
descansaban sobre un charco de agua rojiza. Se detuvo y examinó con curiosidad
el líquido, ya no se reía: “¡Sangre…! ¡Sangre!”
Sebastian permanecía sentado,
impasible, ya había espabilado pero seguía estando bastante débil.
—Se llama Alex.
—¿Qué has hecho?
—Centrándonos en los hechos debo
decir que no fui realmente yo quien lo fabricó, mi aportación tuvo que ver más
bien con la técnica.
—Hace décadas que los orgánicos
dejaron de existir Sebastian. Dime que no había uno mirándome a los ojos hace
un instante.
—Las posibilidades son infinitas
Oscar, ante nosotros se ha abierto un nuevo horizonte sobre el que verter toda
ilusión, conocimiento, frustración… ¿No te parece tan abrumador como
emocionante?
—Desvarías, lo que dices va en
contra de todo el racionamiento lógico que rige nuestra sociedad. Hablas como
si te impulsaran sentimientos en tus actos, pero eso es imposible.
—¿Y qué hemos hecho todo este
tiempo sino tratar de cultivar dentro de nosotros el ideal de un espíritu
ascético?
—¡Cuánto atrevimiento! Que atroces
palabras las tuyas ¡Espíritu! No se me ocurre nada más grotesco. Esto jamás debe
salir de aquí, espero que nadie más lo sepa, aunque quien podría guardar un
secreto así… —se sentó sobre el brazo del sofá contiguo al que estaba
Sebastian, un silencio frío se apoderó de la casa. Cuando algo aterrador ocurre
los minutos duran años.
—Debes acabar con él Oscar. Yo
tardaré demasiado en ser reparado, no puedo soportar más su existencia. Lo odio
tanto…
—Te libraré de esa carga amigo
—se levantó, lo miraba fijamente—. El problema de todo magnífico creador es que
tarde o temprano su obra le devora. Pero yo sabré sacar el mayor beneficio de
tus actos. Quizás no debiste ser un científico tan egocéntrico.
—Me gustaba pensar que era más
bien un poeta.
—En cualquier caso esta fue tu
última obra —agarrándolo de la cabeza le retorció el estómago hasta dar con el
último hilo vital de Sebastian.
Desconozco cuanto tiempo
permaneció allí mirando su cuerpo, ni si quiera se encontró cuerpo alguno
posteriormente. Cuentan que cuando bajó al sótano halló tal horror que tuvo que
ocultarlo todo. Aunque nuestro protagonista no puede ser confundido con ningún
mártir por supuesto. Sin embargo ocurrió algo más. En aquel terrible escenario
encontró un libro, nada asombroso en concepto pero de contenido desconcertante.
De entre todos los garabatos sin sentido solo pudo supuestamente rescatar este
relato. Se trataba efectivamente de un diario.
Mi
sorpresa ha sido mayúscula cuando en un brevísimo artículo de apenas media
columna en la página quince de “Old republics” se menciona como tras años de
ardua investigación dos científicos habían conseguido una respuesta nerviosa,
breve, pero positiva, en una especie de molusco “cultivado” por ellos mismos.
He de reconocer que tanto el contenido del artículo como su poca resonancia
dentro de la revista me han resultado escandalosos. Una nueva realidad de la
cual apenas poseo conocimiento me inquieta.
--- ---
---
La
cuestión neuronal está suponiendo un obstáculo pero creo que pronto podré
resolver el problema con el arco reflejo. Espero tener los primeros resultados
en apenas un mes o dos más. Me apasionan los últimos descubrimientos que he
realizado y preveo que los experimentos resultarán igual de excitantes.
--- ---
---
¡Al
fin he logrado resolver el rompecabezas! La simulación de la médula apenas fue
un breve impedimento para seguir avanzando. Los nervios periféricos no han
presentando misterio alguno así como el bulbo y cerebelo; el entramado de
neuronas con sus correspondientes conexiones está resuelto. Frío, caliente,
viento, caricia… dejaron al fin de ser conceptos abstractos. Desde luego el
sistema nervioso será el descubrimiento más maravilloso de nuestra historia.
Esta
noche he quedado con Oscar, hace casi un año desde que logré los primeros
resultados y apenas he contactado con otros seres desde entonces.
--- ---
---
No
estoy seguro de quien es ella. Anoche me asaltó cuando salía del Razil, no me
extrañó en absoluto su curiosidad. Sentí confianza, le hablé de mis
experimentos y la traje aquí para mostrarle parte de mi obra. Reconozco que
estoy desorientado, todo este nuevo mundo de sensaciones ha creado una enorme
inseguridad en mí mismo.
--- ---
---
Ahora
veo claro como hemos podido llegar a este punto. Ella tuvo una idea, un
propósito, tal vez una abominación. Al principio no supe como encajarlo, no
respondía a ningún orden lógico por el que yo me hubiera regido nunca, pero
hace tiempo que florecieron sensaciones dentro de mí que desterraron cualquier
lógica. Por alguna extraña razón ella parece sentir lo mismo, cosa que cada vez
me inquieta menos. Resolver una complejísima trama de redes neuronales pareció
imposible hasta que comprendí que dentro de la lógica nada es infinito. Pero
esto es diferente, me asaltan escalofríos cuando pienso en ello y es lo único
que tengo en la cabeza. Me aterra lo fácil que ha sido desentrañar este nuevo
sistema. Los resultados, a pesar de todos los cálculos posibles, serán con toda
seguridad impredecibles. Hemos entrado en el terreno de la creación, aquí todo
es infinito, ojalá estemos preparados.
--- ---
---
El
embrión ha sido alumbrado con éxito pero ella está muy débil. Probablemente no
le queden más de unas horas; me es imposible detener la hemorragia. He notado
algo extraño en el desarrollo del pequeño.
--- --- ---
Con
apenas dos meses de vida el humano ya tiene el aspecto de un niño de
aproximadamente seis u ocho años. Sin
duda sigue siendo el mejor de todos pero aun podría mejorarse. Los resultados
psicológicos son asombrosos; como era de esperar responde positivamente a las
muestras de afecto y cariño, pero incluso después de ser sometido a cualquier
tipo de tortura aún percibo en él atisbos de esperanza y bondad. En cambio, el
miedo es claramente anterior a la rabia o el desprecio y siempre es superior.
Las
aplicaciones de todo lo descubierto en este tiempo se escapan en número a mis
cálculos.
--- ---
---
Realmente
he llegado a odiarlo. Hace semanas que no bajo a verle, ha aprendido a
abastecerse por sí mismo. Me aterra cada vez que le oigo, aunque los gritos más desgarradores vienen de mí mismo.

0 comentarios:
Publicar un comentario