martes, 23 de agosto de 2011
Antes de que la noche y el día fueran diferentes la estrellita y el sol ya se querían. Entonces el sol decidió ir por su cuenta. Pero la estrellita y él seguían queriéndose. El cielo entero admiraba la luz del sol y muchas estrellas intentaron seguirlo. Pero el sol, sabiendo que era objeto de todas las miradas, quiso brillar más y más para que todos le quisieran. Un día el sol se había enamorado ya tantas veces que olvidó a la estrellita. Triste, la estrellita pasó siglos pintando constelaciones en el cielo para que el sol no la olvidara. Muchas de ellas decían que ella siempre le querría. Decidida, la estrellita viajó por todas partes y nunca se detuvo. Si lo hacía recordaría su dolor.

Una noche la estrellita estaba a punto de dormirse cuando una luz la cegó de repente. Asombrada, la estrellita miró hacia la Tierra y vio a un hombre en lo alto de una torre que, sorprendido, se escondía. Ante la curiosidad, la estrellita decidió bajar hasta su ventana en busca de una explicación.

-¿Quién eres? –le dijo, y el hombre misterioso salió de su escondite- ¿Por qué nos miras?

-Solo soy un astrónomo. Mis posesiones son esta torre y este telescopio que uso para explorar el cielo. Aunque en realidad tú eras la única a la que observaba…

-Eres extraño pero también encantador astrónomo. Me temo que es hora de irme.

Mientras se elevaba miró atrás y vio como el astrónomo le decía adiós. La estrellita se alegró de haber conocido a su nuevo amigo. A la noche siguiente apenas se movió de donde estaba y comenzó a brillar hasta que el reflejo del telescopio volvió a cegarla. Entonces la estrellita siguió viajando pero acompañada de nuevos presentimientos. No pasaba una noche sin que bajara a visitar al astrónomo. Le enseñaba nuevos rincones del cielo y el astrónomo la hacía brillar cada vez más con su mirada.

Habían pasado muchas noches desde que se conocieron. Una de ellas la estrellita bajó y vio que el astrónomo estaba triste.

-¿Por qué no sonríes esta madrugada?

-Durante largas noches soñé con todo el tiempo venidero y contigo. Pero he visto unas constelaciones en las que jurabas amor eterno al sol y ahora siento vértigo en mi torre por primera vez.

-Oh, mi querido astrónomo. El cielo se encuentra plagado de sueños cumplidos y sin cumplir desde antes que existiese. A veces un sueño se rompe y debe convertirse en constelación para tener sentido. Lo que has visto es hermoso a su manera y también lejano. En este cielo nuestro no brillan con ninguna intensidad pero deben seguir ahí para guiar a otros soñadores.

El astrónomo se alegró. Las estrellita siguió brillando y visitándolo. Entonces, con la facilidad en que un momento hermoso se convierte en mundo, las noches pasaron a ser semanas y estas años… El astrónomo envejecía más rápido que ella.

-Temo que pronto dejaré esta torre, mi estrellita. Posiblemente deba elevarme hasta donde tú estás y emprender mis propios viajes también.

La estrellita se entristeció “¿Qué pasará entonces?”. El astrónomo la miró sonriendo y le contestó:

-¿Entonces? Pues que estaremos igual que al principio, juntos para siempre.

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