Dos
terrones
Personajes:
HOMBRE
ASESINADO
Sobre el escenario
el decorado típico de una sala de descanso para oficinistas. Uno o varios sofás
pequeños, una mesa central con sillas, una nevera pequeña y sobre una encimera vasos
de plástico, un microondas y una cafetera junto a varios paquetes de café
instantáneo.
Entra HOMBRE muy
nervioso, deambula por la sala. Abre la nevera, la cierra, toca la cafetera,
coloca las sillas, se lamenta, deambula, mira la puerta, mira el café,
deambula, se lamenta, se detiene pensativo pero nervioso y finalmente pone a
calentar un vaso de café. Mientras se calienta sigue lamentándose hasta que
recoge el café, entonces entra ASESINADO por la puerta (que queda a la espalda
de HOMBRE) y se para. HOMBRE se da la vuelta asustado, muestra cara de asombro
y queda inmóvil. ASESINADO, asintiendo la cabeza como con reproche, se sienta a
la mesa. HOMBRE queda inmóvil un instante más, resopla con resignación y se
sienta. ASESINADO lo mira fijamente.
HOMBRE:
Bueno… (Titubea) supongo… en fin,
supongo que debería empezar yo a hablar, no sé…
ASESINADO:
¡Me has matado! Pero, ¿Cómo has podido?
HOMBRE:
Si ya empezamos con las acusaciones no vamos a ninguna parte.
ASESINADO:
El que no va a ir a ninguna parte soy yo (pausa
breve) (mirándose la ropa que está
llena de sangre) mira, mira que estropicio. Me matas, me echas a perder el
traje…
HOMBRE:
Bueno para ser justos solo la camisa (ASESINADO
lo mira fijamente y con enfado), yo diría que la bala se ha quedado dentro
en lugar de atravesar y que…
ASESINADO
(dando un golpe en la mesa e inclinándose
hacia delante, HOMBRE se levanta del susto): ¡no me hables de justicia!
HOMBRE:
Seguro que tiene arreglo, (titubea) es…
es un traje precioso, de verdad, muy bonito. ¿Es seda? ¿Poliéster? ¿Piel? (silencio) Si le apetece un café creo que
aún queda algo, no está mal, aguantas incluso medio vaso antes de notar los
primeros síntomas de envenenamiento… (Pausa
breve) pero no hay azúcar.
ASESINADO:
No, gracias. El café me irrita el estómago.
HOMBRE:
Sé lo que es eso, mi tía Gertrudis no podía tomar nada de cafeína. Una vez en
Nochevieja, no estamos seguros si por el champán o que se yo pero tuvimos que
terminar la cena en la cocina.
ASESINADO
(llevándose las manos a la cabeza):
Tan solo déjame descansar un poco, me duele la cabeza. (HOMBRE hace un gesto asintiendo, ASESINADO lo ve y exclama enfadado)
¿Qué?
HOMBRE:
No he dicho nada.
ASESINADO:
Te has movido, has hecho algo.
HOMBRE:
Es lo que hacemos los vivos, movernos, respirar, roncar, divorciarnos, coger un
taxi…
ASESINADO:
No matar a los demás.
HOMBRE:
No, eso hay gente… que si lo hace. Pe…pero ¿y los muertos? Se supone que os
quedáis ahí tirados, en una tumba o una bañera y aquí estás tú. (Se levanta, da vueltas nervioso, pensativo)
¡Ay! (mientras se sienta) Debo estar
alucinando, sí, tiene que ser eso, te ha creado mi propia mente para
atormentarme. Mi conciencia y Freud deben estar borrachos en algún bar del
infierno mientras cantan algo de Dylan…
ASESINADO:
Soy muy real. ¿Qué haces bebiendo café? ¿No estabas nervioso? Te contradices.
HOMBRE:
Me relaja.
ASESINADO:
Anda ya.
HOMBRE:
Mi segundo nombre empieza por P, de Parkinson ¿vale? Para mí el café es como un
Valium, aunque no tenga azúcar.
ASESINADO:
Si es que no me puedo creer lo que has hecho…
HOMBRE:
Lo sé, un café tan amargo le agria los ánimos a cualquiera.
ASESINADO:
¡Hablo de mi asesinato!
HOMBRE:
Hoy estás algo egocéntrico ¿eh?
ASESINADO:
Pero vamos a ver, ¿se puede saber que ha pasado para que me quitaras de en medio
así tan de repente?
HOMBRE
(resopla): No he podido ir a China (ASESINADO lo mira extrañado). Ayer hablé
con el director, ese Mussolini de la novena planta; al parecer le han dado el
puesto al pelota de Sánchez, ese oficial de la Gestapo de la séptima planta.
¡Ay! La séptima… están todos allí ¿sabes?, los que quedan al menos; Gestapo,
SS, Pretorianos, Teleoperadores, y el tipo que puso eso de “Abrefácil” en los
cartones de leche.
ASESINADO:
¿Y sabes lo que hay en China? De todo menos chinos, o es que no ves que se han
ido. Seguro que vas allí y está lleno de inmigrantes europeos y americanos.
Todo el mundo lo sabe. El chino medio mide ahora dos metros y pico y juega a
baloncesto.
HOMBRE:
Yo solo estoy en este trabajo para subsistir. El único empleo que me dieron fue
en esta oficina, y no será porque no busqué a fondo de lo que me gustaba.
ASESINADO:
Pero es que tuviste muy mala visión laboral. ¿No ves que de músico callejero,
filósofo borracho, o escritor sifilítico no queda nada? Es un mercado que se ha
saturado ya. Eso lo sé hasta yo.
HOMBRE:
Da igual, mi verdadera pasión es ser escritor, dramaturgo si es posible.
Imagínate cuanta inspiración para un artista vivir en China varios meses al año.
Fundirse con lo autóctono pero con el ojo crítico siempre alerta, viendo lo que
nadie ve, lo que para otros sería
rutina, paisaje y frivolidad, yo podría convertirlo en arte…
ASESINADO:
Ya no existe lo exótico.
HOMBRE:
En cambio aquí estoy, condenado a una vida que no espolea mi creatividad. Para
una vez que este trabajo ha podido brindarme la inspiración.
ASESINADO:
Tu problema es que has convertido la existencia en un cúmulo de expectativas.
Ves la vida como si fuera una obra de teatro. A ver qué culpa tenía yo de que
no te dieran el puesto ese… a no ser… claro, yo soy el tal Sánchez (Se levanta). Es una especie de, ¿Cómo se
dice? Alter ego ¿no? Yo soy Sánchez en tu obra, lo que piensas de él al menos.
HOMBRE:
Qué más da.
ASESINADO:
Podrías haber ido a por el de verdad, ¡ay! Un par de escenas más y me hubiera
comido aquel bombón rubio, Loreta (pausa
breve). Al menos sabrás que has matado al personaje, no al hombre.
HOMBRE:
Es solo un giro de los acontecimientos para enganchar al espectador, un “plot
point” que lo llaman algunos.
ASESINADO:
No seas pedante, me has matado por culpa de los chinos.
HOMBRE:
Se te ve muy lanzado, me extraña que no te hayas dado cuenta de que Loreta es
en realidad Lorena, Sherlock.
ASESINADO:
Tu ex, ¿a ella también vas a matarla?
HOMBRE:
¿Estás loco? Con la suerte que tengo seguro que me demanda y esta vez me deja
hasta sin zodíaco.
ASESINADO:
Me refería a su personaje en la obra.
HOMBRE:
Yo también.
ASESINADO:
De todas formas ese acto te está quedando bien. ¿Es cierta la parte, cuando se
ha fugado con su hermanastro tenista y aquella profe de ballet, y paran en
aquel hotel con sauna…?
HOMBRE
(interrumpe): ¡oh, venga!
ASESINADO:
Está bien, lo siento.
HOMBRE
(ASESINADO está quieto pero distraído, tras una pausa breve HOMBRE añade): No
era ballet, era danza del vientre.
ASESINADO:
¡Ay amigo mío! A veces el mundo es demasiado realista para ser cierto…
(Pausa. ASESINADO echa un vistazo a la sala.
Mientras se sienta HOMBRE dice)
HOMBRE:
Ya tengo título para la obra.
ASESINADO:
Siempre se te dieron mal los títulos, algunos de tus escritos incluso ganarían
puntos sin ellos.
HOMBRE:
Al final el próximo ahorcado voy a ser yo. Eso dolerá menos que un tiro en el
pecho ¿no?
ASESINADO:
No lo sé, lo he olvidado, uno no se acuerda de cuando murió. ¿Y cuál es el
título?
HOMBRE:
“Dos terrones.”
ASESINADO:
“Dos terrones.”
HOMBRE:
¿Qué tal?
ASESINADO:
Horrible, espantoso.
HOMBRE:
Pero… bueno… tiene su significado. Hace referencia a la chispa de la vida, la
felicidad, pero no la mera felicidad de sonreír e ir silbando por la calle sino
a algo más intrínseco y especial. Los detalles pequeños o grandes que de alguna
manera hacen que esta vida tan dura pueda ser dulce también.
ASESINADO:
Si, vale.
HOMBRE:
¿Entonces?
ASESINADO:
Es una mierda. Lo siento, es muy… moña, no sé. (Pausa breve). Bueno, (mientras
se levanta) ha sido un placer morir para ti. (Pausa breve, pensativo, como si se le acabara de ocurrir algo)
¿Sabes? En realidad no importa, llevas razón, algo tiene que alegrarnos la
vida, o el café. Supongo, que al menos una vez en la vida todos
deberíamos tener derecho a un asesinato. (Sale)
(HOMBRE lo mira marcharse, después mira al
vacío, hacia abajo, pensativo, entonces echa un vistazo al vaso de café, vacío
obviamente, hasta que levanta los ojos y la expresión).
HOMBRE:
O a dos terrones. (Sale)

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